Explicación y comprensión de la Historia
Por muchos hechos del pasado que se quieran contar, jamás se podrán contar todos. La historia erudita, en definitiva, es una reducción de la historia, y una reproducción de la ideología dominante. Esto implica, también, una toma de posición ante los hechos del pasado que deben ser contados. Además, el mayor número de fuentes las conserva el poder y las clases dominantes, y estos conservan los documentos que le interesan. Por eso, el historiador debe intentar comprender cómo era la sociedad del pasado cuando esta era presente.
Para los positivistas, la Historia no deja de ser una acumulación de documentos, en los que toda interpretación no haría más que falsearla. Pero esta visión de la Historia está totalmente superada.
Los hechos que conocemos se encuentran incardinados, y se relacionan entre sí formando estructuras que explican e identifican una época. No sólo es necesario fijar los hechos, sino que hay que buscar las causas, las consecuencias, la relación con otros hechos de la época (anteriores y posteriores), y hay que interpretarlos, pero sin recurrir a la noción científica de causa efecto, automáticamente. En toda causa están todos los elementos del efecto, pero hay más, y no tiene porqué pertenecer a la misma escala. Una cosa es responder a la pregunta ¿porqué ocurrieron los hechos?, y otra justificarlos por tener unas causas que inevitablemente dan unos efectos. La historia no es causal. Frecuentemente, quien busca causas y efectos tiene una concepción finalista de la historia que, al fin, justificaría el estado actual de las cosas.
La Historia no siempre ha sido un saber científico. Hasta el siglo XIX fue un saber enciclopédico y precientífico, como muchas otras ciencias.
«La explicación en Historia es el descubrimiento, la aprehensión, el análisis de los mil vínculos que, de forma inextricable, unen entre sí las múltiples facetas de la realidad humana, que ligan cada fenómeno a los fenómenos vecinos, y cada estado a sus antecedentes inmediatos o lejanos, y también a sus consiguientes» (Marrou).
Este tipo de conocimiento difiere mucho del dato, ya que se fundamenta en la comprensión y la interpretación de los hechos. No debemos caer en el reduccionismo unitario, la realidad es muy compleja. Cada época hace la Historia sobre los temas que le interesan, que no tienen porque ser los temas que nos preocupan en la actualidad, la Historia puede cambiar. Los hechos de la Historia varían según la corriente de pensamiento o la escuela que los formule, y hay muchas escuelas historiográficas, unas que pretenden justificar la situación actual de distribución del poder y otras ser más críticas.
Un tema recurrente es el de la objetividad, y si un historiador debe dejarse influir por los hechos que le son más simpáticos. Tenemos que, el hecho de elegir un acontecimiento puede ser un acto subjetivo. Pero creer que un acontecimiento es objetivo en sí, termina transmitiendo la ideología dominante, mientras que el que es consciente de su ideología puede imponer las conclusiones de la metodología a sus juicios previos. Pero una cosa es utilizar la ideología, y otra muy distinta juzgar los hechos desde esa ideología. Quien juzga los hechos no hace Historia sino proselitismo.
Que los hechos de la historia se interpreten desde la ideología del historiador no quiere decir que su interpretación sea arbitraria. Los historiadores aplican un método, que les puede llevar a unas conclusiones que pueden ser inesperadas para ellos. Primero formulan una hipótesis de trabajo, luego recopilan fuentes y las someten a crítica, y a la luz de ellas sacan sus conclusiones, verificando o rechazando la hipótesis, para luego divulgar los resultados.
Para la explicación y la visión de una época es indispensable, e inseparable, la ideología de historiador. La ideología es una visón del mundo que nos ayuda a seleccionar los hechos que nos interesan, aunque también es cierto que la teoría se elabora a partir de los datos seleccionados con objetividad. Existe el peligro de no tener en cuenta aquello que se ha decidido dejar de lado, pero que existe. La explicación histórica no debe salir de los límites que la ideología y las fuentes recogidas tienen. No se puede explicar el arte con documentos económicos, aunque marquen la época.
La verdad en la Historia no es geométrica ni unitaria, ya que no lo es la realidad. Las explicaciones deben hacer comprender cómo era la época y explicarla, pero la verdad es parcial.
En Historia, la verdad objetiva no está en saber si un hecho es cierto, sino en descubrir y determinar cuál es la auténtica naturaleza del hecho, hasta comprender las verdaderas relaciones entre la sociedad y las cosas.
La forma de expresión de la Historia es la palabra, fundamentalmente escrita, el libro, pero no necesariamente como literatura. De hecho, hacer de la explicación literatura perjudica el análisis, lo que no quiere decir que no deban estar bien escritos, y de forma amena.
En definitiva, la Historia sirve para conocer cómo funciona nuestra sociedad, cómo ha funcionado en el pasado, qué soluciones se dieron y cuáles fueron sus consecuencias, y también para satisfacer la curiosidad humana. La memoria nos permite progresar como seres humanos, en sociedad y acumulando cultura. La Historia es un instrumento de análisis del mundo, de nuestro mundo de hoy.
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